En la cetrerÃa, como en otros aspectos de nuestras vidas, nos embaucamos en la difÃcil tarea de reunir una colección de fuerzas independientes con la esperanza que todo culminará con un vuelo perfecto. DeberÃamos de tener en cuenta que tenemos poco control sobre la mayor parte de estas fuerzas. Sin embargo, la mayor parte de nuestro tiempo todavÃa intentamos controlarlos convirtiéndose en frustración. El cetrero entregado es el que realmente tiene “la enfermedad” de continuar en la búsqueda después de saber que él realmente controla muy poco estas fuerzas una vez que se han soltado las pihuelas y el ave se ha puesto a volar. Una mente sana y con sentido común abandona el deporte a su debido tiempo, que lo supera mediante el sentido común. Al final, somos realmente como un director que intenta dirigir una pieza musical pero los instrumentistas en nuestro caso son todos pensadores independientes que desean tocar su propia melodÃa.
En mi búsqueda, los jugadores que forman mi equipo incluyen el perro, el grouse, el cetrero, el clima, mis hijos también conocidos como (“los batidores”), el terreno, mis compañeros de caza, las condiciones sospechosas, otros depredadores de caza, el observador ocasional, el vientoÂ…Bien, ya os imagináis el cuadro. Hay muchos jugadores y, como podéis ver en la lista, tengo poco o nada de control sobre la mayorÃa de ellos. Lo único que puedo esperar es anticipar que cada uno de ellos hará de antemano lo suficiente para “orquestar” el vuelo porque yo no tengo la esperanza de controlarlo.
Creo que todo los vuelos de cetrerÃa, como las composiciones musicales, todos tienen la misma anatomÃa general, pero cada uno con su propia forma individual y única de juntar sus componentes. Algunos son buenos, otros no lo son tanto y no a todos les gusta lo mismo.
A través de los años, he encontrado la manera de simplificar los vuelos quitando “jugadores” para reducir al mÃnimo el potencial del desastre. Por ejemplo, si hay patos en un lago o charca en el punto de mira donde se encuentra el grouse, pasaré de él para evitar que el halcón haga su propia melodÃa y esperaré que vuele sobre la charca, sin perro. O, si las condiciones son buenas para localizar un grouse con los prismáticos, lo preferirÃa antes de recurrir al perro que haga la búsqueda ya que pueda existir el riesgo de un punto falso. El esfuerzo de quitar jugadores y variables del vuelo han pasado factura a través del tiempo dando lugar a unos vuelos agradables y bonitos.
Sin embargo, todavÃa existe la anatomÃa de un vuelo que requiere y esta predispuesto a tener cierto riesgo y, siendo absolutamente franco, estos vuelos imprevisibles e inciertos traen emoción a la cetrerÃa. La siguiente aventura es un ejemplo.
Hace unas semanas atrás, fui a cazar grouse un sábado que habÃa escopetas, fui a la zona donde los cazadores ya habÃan estado varias veces esta temporada y sabÃa que las probabilidades de éxito eran mÃnimas. Sin embargo, soy tan adicto a la cetrerÃa que no podrÃa pensar en quedarme a pasar una mañana de sábado en casa con la familia,( no quiere decir que no lo harÃa). Mi amigo Grant y yo tenemos 3 pájaros para volar y sobre las 9 de la mañana ya hemos volado dos de ellos con unos lances malos que resultaron ser un desastre debido al factor incontrolable de los cazadores de escopeta que llegaron al lugar en el momento menos adecuado.
El halcón que quedaba por volar era mi G/P torzuelo que ha resultado ser un buen halcón de cetrerÃa. Decidimos intentar un lance a pato ya que el factor de los escopeteros ya nos habÃa abrumado con la frustración. Localizamos una charca a menos de 280 metros de un “montón de chatarra” instalada por los cazadores que incluÃan 2 rullots, 3 pick-ups, numerosos todoterrenos, y una manada de perros de muestra. A pesar de la proximidad del sitio de acampada, habÃa patos en la charca y parecÃan ser azulones.
Conducimos alrededor del campo y paramos la camioneta aproximadamente a 150 metros de los rullots y sacamos el halcón por la ventanilla. Retire de los correones y caperuza y comenzó la sinfonÃa de músicos independientes. El halcón decidió que no era la hora adecuada del dÃa para volar y se dirigió inmediatamente al norte, desaparecÃa mientras cogÃa altura, probablemente se dirigió a una colina cercana. Mientras, Grant sacaba de la parte posterior de la camioneta a su perro para que nos echara una mano, era una charca pequeña y tampoco seria necesario sacar el perro, pero su ayudante no habÃa estado en muchas situaciones de vuelo, asà que pensé que le vendrÃa bien. Espere unos minutos que reapareciera el halcón, pero no lo hizo.
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Saque el receptor para buscar una señal y pude percibir que el pájaro estaba en alguna parte de la colina en algún punto desafortunado. Asà que fui en su busca. De camino a la colina me encontré una zona de arbustos bajos y un par de barrancos pequeños de tierra árida que se encontraban justo entre la camioneta y la colina. Casi llegando a la base de la colina, comprobé la señal que marcaba el receptor, y como no veÃa el ave por ningún sitio, supuse que estarÃa en el filo de la colina fuera de vista. Comencé a subir la colina y no habÃa andado mucho cuando el halcón apareció volando y ganando altura, aparentemente listo para cazar.
Bueno, ya estamos listos, el pájaro estaba subiendo y los patos seguÃan en la charca fuera de vista y Grant estaba impaciente esperando en la camioneta a que yo llegará para ir en busca de los patos. Cuando atravesaba de vuelta los barrancos en dirección la charca, me di cuenta que el perro, que no era de mi necesidad, estaba tirando de la correa para ir hacÃa el oeste cuando el lago de patos estaba al este, Grant decidió soltarlo, para que vagase un rato por los arbustos que yo habÃa pasado para ir en busca del halcón, y nos juntarÃamos en la charca para el lance a pato. El perro estaba a punto de convertirse en otro jugador más. Solo habÃa dado algunos pasos entre los arbustos (que yo habÃa pasado unos minutos antes) cuando un grouse se levanto y voló hacÃa el oeste. Os podéis imaginar, que todo esto estaba ocurriendo a 180 metros de la acampada de cazadores de escopeta y con una manada de perros de caza. En ese momento se encontraban al sur del campamento.
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Mire hacÃa arriba para apreciar su picado porque segundos antes habÃa observado que estaba justo por encima con buena altura. Por desgracia, hizo su voluntad y lo rechazó. Esto me molesto un poco ya que es un halcón experimentado en grouse y además que le encantan estos lances en que sale un solo grouse y más aún si le salen justo por debajo de sus narices. Justo antes que yo pudiera reaccionar, se levanto otro grouse y la reacción de mi halcón fue otro rechazó.
Bueno, ahora no solo estaba molesto, estaba a punto de recogerlo y llevarlo a casa hambriento y enseñarle una lección. No tenÃa esperanza ninguna de tener la suerte de encontrar otro grouse en tan pequeña parcela de tierra y menos una que el halcón se bajara en picado.
Ni la anatomÃa de un vuelo y sus factores desconocidos e incontrolables fueron suficientes para darme por vencido. Y justo cuando estábamos en dirección a la charca, ese largo trayecto solo podrÃa ser compensado con un bonito picado que terminará en captura, cuando un tercer grouse salió de los arbustos y se dirigió al oeste. Sin embargo, esta vez el halcón decidió que era el urogallo “correcto” e inmediatamente hizo un largo y bonito picado que término en un tremendo golpe derribando a la presa. Desgraciadamente, el urogallo estaba debajo de una espesa y alta parcela de arbustos.
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El halcón esta acostumbrado a reclamar su premio después de un lance como este y no es uno de esos de remontar e intentarlo de nuevo y menos con un ave que esta bastante herida. Asà que se poso en el suelo buscando entre arbusto y arbusto, y continuó la rutina por 5 minutos o más esperando que apareciera su comida. En todo este tiempo Grant y yo estábamos discutiendo cual serÃa la mejor manera para acercarnos a este dilema.
SabÃamos que si el ave remontara, podrÃamos acércanos a una pequeña parte de la maleza con el perro y encontrar al grouse. Estaba claro que el golpe habÃa sido duro y el grouse estaba bastante herido. Asà que mientras decidÃamos que Ãbamos a hacer, el halcón se puso en vuelo y voló hacia la charca de los patos (los patos milagrosamente seguÃan esperando) Cualquiera se piensa que un grouse se quedarÃa escondido sabiendo que hay gente, perros alrededor y un halcón volando. Pues, no llevaba el halcón ni 15 batidas cuando el grouse se lanzó fuera y voló hacÃa el oeste. Estaba claramente débil por el golpe que habÃa recibido. El halcón lo vio y empezó la persecución, se vio un poco desganado por la ventaja del grouse que aún débil tenÃa algo de ventaja. Fue entonces cuando el grouse se acercaba a un pequeño bosque a unos 400 metros de distancia, y fue cuando el halcón se puso las pilas y apretó trasponiendo. No obstante, pude imaginar que seria un difÃcil desenlace sin captura, pues los grouse son muy astutos. Le sugerà a Grant que se llevará al perro en la camioneta y me recogieran al final de la carretera.
Mi plan era llegar al encuentro del halcón y recogerlo malhumorado. Ya habÃa recorrido la mitad de la distancia hacia donde estaba mi halcón cuando pude observar de reojo a una hembra de cola roja. Es bastante inusual encontrar a un halcón cola roja a media mañana cuando empiezan a subir las temperaturas. Pero esta cola roja venÃa del cielo haciendo un medio picado en dirección mÃa, no se estaba elevando en aire caliente. Supe al instante que querÃa cazar y era mi halcón el que estaba en el menú.
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Empecé a correr hacÃa bajo de la pequeña cuesta y empecé a gritar y a mover los brazos. Dejo su picado y empezó a deslizarse alrededor, siempre manteniendo su mirada en su objetivo. Según me iba acercando decidió marcharse lentamente a lo largo de la brisa. Ya me acerque al punto original de destino de la cola roja y pude ver que mi halcón estaba cubierto con un gran arbusto, mirando hacia la cola roja, con su premio sujeto con las garras por la cabeza. Cuando él me vio, se encontró con más valor y protesto a él cola roja para que se desanimara. Recogà al halcón y al grouse y me dirigà hacÃa la camioneta.
Llegando a la carretera, Grant me comentó que cuando estaba estacionado cerca del campamento de los cazadores, estaban volviendo para acampar. Ignoraban completamente de lo que habÃa pasado justo en la entrada de su campamento. Inconcientes también que habÃan grouses a unos cuantos metros y no habÃa que desplazarse 1,5 kilómetros.
¿Entonces, cual es la cuestión? Puede que ser que cada vuelo tenga su propia personalidad y posibilidades y que nadie puede controlarlas, nosotros solo podemos ayudar/orquestar algunas variables, relajarnos y disfrutar.
Ésa es la esencia de la CetrerÃa. Este halcón en particular ha capturando en varias ocasiones varios grouses con mucho estilo y precisión y nunca habÃa pasado tanto caos como este dÃa. Ese tipo de vuelos son muy divertidos de presenciar ya que le da un sentido de superación, y lo más importante de todo es que esto siempre me recuerda que yo solo soy un participante más y nunca llevo el control.
Los patos aún seguÃan en la charca cuando nos fuimos a casa.
Brad Townsend reside y trabaja en Salt Lake City. Además, de tener una carrera de gran éxito como Contable Forense, ha podido criar una familia feliz compaginando con una hora para ir regularmente a volar su inusual halcón por altanerÃa durante 5-6 meses al año. En su pasado también fue Presidente del Club de Halconeros de UTA, Brad ha sido un instrumento clave en el DWR (Recursos de División de Vida Silvestre) (DIVISION WILDLIFE RESOURCES) para hacer más eficientes nuestros locales para desarrollar una mejor relación entre los halconeros y la División. Actualmente, es Director del Club de Relaciones del DWR y Asuntos JurÃdicos.
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Graciasssss. |
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Estamos traduciendo algunos artÃculos que creemos de interés, aquà va uno de ellos....
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En la cetrerÃa, como en otros aspectos de nuestras vidas, nos embaucamos en la difÃcil tarea de reunir una colección de fuerzas independientes con la esperanza que todo culminará con un vuelo perfecto. DeberÃamos de tener en cuenta que tenemos poco control sobre la mayor parte de estas fuerzas. Sin embargo, la mayor parte de nuestro tiempo todavÃa intentamos controlarlos convirtiéndose en frustración. El cetrero entregado es el que realmente tiene “la enfermedad” de continuar en la búsqueda después de saber que él realmente controla muy poco estas fuerzas una vez que se han soltado las pihuelas y el ave se ha puesto a volar. Una mente sana y con sentido común abandona el deporte a su debido tiempo, que lo supera mediante el sentido común. Al final, somos realmente como un director que intenta dirigir una ....
Para ver artÃculo completo entra aquÃ: http://www.cetreria.com/articulos/altan ... _un_vuelo/ |
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