Con mi amigo Antonio Burrero, fiel practicante del bajo vuelo, he compartido algunas temporadas de caza tras las rápidas rabonas y escurridizos conejos.
Siempre que nuestras obligaciones laborales lo permitían, procurábamos coincidir y compartir una jornada de caza juntos.
Salíamos de casa aún de noche, hacia el punto de encuentro. Allí traspasábamos los equipos de caza a uno de los coches, y partíamos hacia el coto, con la misma ilusión de un niño que espera juguete nuevo.
En el todo terreno, viajaban mi prima de Harris "Blanca" y mi tekel "Teki". El equipo de Antonio, estaba compuesto por su prima de Azor "Canadá" y su vieja tekel "Truka".
Durante el camino hacia el terreno de caza, que duraba poco más de media hora, nos contábamos los lances de días anteriores, los que no habíamos coincidido, una paradita para café…y llegamos. Paramos el coche en la zona elegida, el coto tiene más de mil hectáreas y nos organizamos para no "patear" la misma zona más de una vez por semana.
Ya con nuestros pájaros en puño, nos disponemos a comer terreno…los perros corren apresurados buscando algún rastro o emanación que les indique la presencia de alguna liebre…De repente una salta muy larga….Normalmente volamos por turnos, pero en esta ocasión, por equivocación, quizás por ser la primera liebre de la mañana o porque el café no hizo su efecto…se escucharon dos "gritas" y los dos pájaros volaron en simultáneo.
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Se escucho un "taco", y apretando los dientes salimos corriendo tras ellas…los pájaros volaban en paralelo, como de una carrera se tratara, le ganaban terreno a la liebre y nosotros seguíamos corriendo como desesperados, el lance parecía eterno. "Canadá" entrando a matar fue burlada por una finta pero de cara se encontró con "Blanca", que la trabo por la cabeza, en ese mismo instante, y recompuesta del quiebro "Canadá" la agarró por la espalda. Seguíamos corriendo hacia la pequeña nube de polvo que se levantaba a lo lejos, llegamos asustados y con la duda del numerito que nos íbamos a encontrar, pero nada más lejos de eso… allí estaban las dos cazadoras mirándose fijamente y jadeantes aferradas fuertemente a su presa. Creo que estaban tan sorprendidas como nosotros, instintivamente interpuse el guante entre las dos, por si alguna de ellas pretendía reclamar su presa con agresividad. Con cortesía retiré a "Blanca" de la liebre, Antonio dejó un rato a "Canadá" en el suelo. Nos miramos y comenzamos a reír (algo nos estaba pasando por la cabeza) le pregunté si estaba pensando lo mismo que yo…y me contestó que sí….
Ese mismo día se sucedieron varios lances más, con el mismo final. Era casi imposible que las liebres se salieran con la suya…
Si le esquibaba la entrada de Azor antes de que se repusiera de la finta "Blanca" la agarraba. Si de un salto se quitaba de encima a "Blanca", "Canadá" entraba arrollándola. Nuestro temor a accidentes o más bien a agresiones fue disminuyendo al ver que se respetaban y cada una se mantenía en su sitio esperando nuestra llegada.
Algunas veces entraban a matar en simultáneo, agarrando ambas en la misma zona, en algunas ocasiones nos encontramos ambas chocando pecho con pecho, con sus patas cruzadas una entre las de la otra, aferradas fuertemente a su presa y con las cabezas hacia atrás como alguien que rechaza un beso no deseado.
Esta copla se fue perfeccionando y cada vez volaban más compenetradas, a su vez intentábamos buscar lances más largos y complicados, ya por su distancia como por la orografía del terreno o ambas agravantes a la vez. Pero ni por eso la copla perdía efectividad… por el contrario, ambos pájaros volaban con más fé y tenacidad, como si de una competición se tratara y con la seguridad de una captura cierta.
Se fueron perfeccionando en sus técnicas de caza en copla, si en llano se desarrollaba la persecución, la que más cerca estaba volaba en línea recta en un acoso directo mientras el otro ave le iba cortando terreno lista para una segunda entrada.
A veces en lances largos que comenzaban en llano, a la liebre le daba tiempo de llegar a unos de los tantos olivares que salpicaban el coto. Ambos pájaros se acercaban mortalmente, mientras "Canadá" seguía persiguiéndola en vuelo bajo entre los olivos, el harris ascendía como un helicóptero y sobrevolaba los olivos esperando su oportunidad para atacar desde la altura.
Nunca he vivido lances de bajo vuelo tan emocionantes y divertidos.
Marco Castilho